Mariano Rodríguez González

Si lo que se ha dado en llamar la psicología moral de Nietzsche supone una base importante de su transvaloración de todos los valores, la concepción de la mente-cuerpo como continuo, que nos desarrolla la posición adualista del filósofo alemán, resultará imprescindible para comprender aquella. La conciencia moral hay que valorarla genealógicamente desde la conciencia psicológica y el entendimiento que de ella se tenga. Por eso las teorías nietzscheanas de la pulsión y la conciencia, sus ideas acerca de la voluntad, el sentir de la sensación y del sentimiento, o del significado del pensar, constituyen no solo un medio de aproximación a los asuntos históricamente centrales de su filosofía sino que tienen un gran interés en sí mismas para ponernos en contacto con esa inteligencia superior que trabaja más allá o antes del yo consciente al servicio del cuerpo concebido nietzscheanamente en su progresiva construcción histórica (alimentación, habitación, ejercicio, descanso, sexualidad…) a través de sus síntomas espirituales autoconscientes (deseos y pensamientos, también arte, filosofía y ciencia).

La metapsicología nietzscheana nos muestra hasta qué punto somos y tenemos que ser animales gregarios los humanos, una vez retro-traducidos los hombres al homo natura radical esto se ve con nitidez. Pero también hasta qué punto el humano no es más que algo que tiene que ser superado.

Disponible en librerías a principios de abril.