Nicole Loraux

La cuestión parece estar clara: la tragedia griega, enunciando lo que la ciudad (pólis) quiere decir   sobre sí misma, es política. Pero que el historiador no se detenga solo en el discurso, que preste atención a la voz que se eleva, la del canto de duelo y el oratorio: la tragedia se revela bajo una luz totalmente distinta –la de la antipolítica. Si en la Asamblea prevalece lo que une y reúne a los ciudadanos, el teatro, por el contrario, no deja de recordar que la política es conflicto; que, bajo el olvido de la ciudad de sus divisiones, permanece el conflicto de valores, las diferencias de comportamiento –lo cual ilustran siempre las mujeres, puesto que ellas solas, no-ciudadanas, llevan el luto por aquellos cuya muerte quiere olvidar la ciudad.

La tragedia es, por tanto, el «vínculo de la división», aquel que, siglos después, nos hace recordar que, seguramente más que el consenso, el conflicto produce la unidad. Tal vez porque en el teatro, y no en la Asamblea, los griegos se redescubrían espectadores, y no ya ciudadanos. Y el secreto de la tragedia consiste en decir que, más allá de su pertenencia cívica a una comunidad política, los espectadores pertenecen irremediablemente a la raza de los mortales.

Reflexión profunda sobre la tragedia griega movilizando todas las formas posibles de análisis, esta obra, confluencia de trabajos anteriores de la autora, es su culminación.