Leonardo Rodríguez Duplá

El protagonismo del amor en el pensamiento de Scheler se explica por una doble convicción del filósofo. Estaba persuadido, por una parte, de que el nivel más profundo de la vida personal es de naturaleza emocional. Cuanto pensamos, deseamos y sentimos está condicionado, según este modo de ver las cosas, por el íntimo sistema de apegos y aversiones que constituye el fondo último de nuestro ser. Por otra parte, Scheler había llegado al convencimiento de que, dentro de las vivencias emocionales, las más básicas son, precisamente, los actos del amor.

Puesto que el amor ocupa el nivel más profundo de la vida del espíritu, será en él donde haya que buscar los factores determinantes de la identidad personal de cada ser humano. Scheler sostiene, en efecto, que somos a última hora amor, pero no un amor único e indiferenciado, común a todos los seres humanos, sino dirigido en cada caso a una constelación de valores diferente. La referencia intencional a esa constelación modula, de un modo único en cada caso, el amor fundamental que somos. Dicho con los términos de Scheler, a cada ser personal le corresponde exclusiva un ordo amoris. Precisamente porque esa modulación del amor es privativa de cada individuo, en el constitutivo de su identidad como ser espiritual.

Disponible en librerías a partir de abril