David Runciman

¿Qué tipo de hipócrita tendrían que votar los ciudadanos para que los gobernara? El hacerse esta pregunta enseguida nos descalificaría como cínicos.Sin embargo, lo que parece cínico es seguir aparentando que la conducta de los políticos es sincera. Esto es lo que dice Runciman en La hipocresía política; una obra sobre el problema intemporal de la posibilidad de la verdad en la vida política. El autor nos anima a enfrentarnos a este problema sin caer en las hipocresías propias de los modos corrientes de abordarlo.

A partir de la presentación de algunos de los grandes autores de la cultura política liberal (Hobbes, Mandeville, Jefferson, Bentham, Sidgwick u Orwcll), Runciman va elaborando problemas y posibles respuestas con las que luego trata con profundidad e ingenio de las conductas de los políticos reales, de Cromwell a Hillary Clinton, de Disraeli a Tony Blair o David Cameron. Su conclusión «realista» es que tenemos que aceptar la inevitabilidad de la hipocresía como parte de la vida política de una sociedad democrática sana; o bien, que la búsqueda de la autenticidad en la política, lejos de encaminarnos a alguna forma de sociedad ideal, degradaría el ejercicio del poder hacia alguna versión totalitaria insospechada. Como con cualquier otro asunto moral, lo importante es encontrar un criterio para distinguirlas formas peligrosas de hipocresía de las formas benéficas. Para esta tarea, sostiene Runciman, es mucho mejor atender a la tradición liberal que a los fastidiosos maestros del maquiavelismo antiliberal a los que se suele acudir. Nos proporciona, entonces, Runciman una guía para una lectura imaginativa y clarividente de los clásicos, al mismo tiempo que nos deja un puñado de ideas penetrantes con las que interpretar hechos y conductas de las sociedades en que vivimos.